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Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón.

07/01/2022 · Valor del arte y la historia de los animales.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón.

Este cuadro se encuentra en el Museo del Prado, en Madrid.

Es el principal museo de pintura de España y uno de los más visitados del mundo.

Allí se encuentran Las Meninas, la obra más famosa de Diego Rodríguez de Silva Velázquez.

Fue pintada por el genial artista sevillano en 1656.

Velázquez era entonces pintor de cámara real (pintor al servicio del rey, que era Felipe IV, de los Austrias).

La técnica usada es óleo sobre lienzo.

En la Edad Media y todavía en el siglo XV la mayoría de las pinturas eran murales, sobre paredes.

Pero en el siglo XVII se había generalizado ya el óleo como pintura y el lienzo como soporte.

Dimensiones: 318 x 276 cm (casi 3x3 metros, un cuadro muy grande).

Y esto es lo primero que llama la atención sobre la intención del pintor: el espectador que se pone ante el cuadro cree estar en esa misma habitación.

El suelo de la habitación del cuadro parece continuación del que pisamos, y los personajes tienen el tamaño que corresponde a los de una habitación que se abre en el mismo lugar donde estamos como espectadores.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 1

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 2

Representa una Escena de la Corte.

El pintor está en su estudio y entra la infanta Margarita con sus acompañantes infantiles (meninas) y sus sirvientes.

La infanta está en el centro de la escena.

Una de las meninas le ofrece agua en una pequeña jarra.

En total aparecen once personas y un perro:

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 3

La infanta Margarita (1).

A su lado se sitúan las meninas María Agustina Sarmiento (3) e Isabel de Velasco (2).

En la izquierda se encuentra Velázquez (9) con sus pinceles, ante un enorme lienzo cuyo bastidor podemos observar.

En la derecha se hallan los enanos Mari Bárbola (4) y Nicolasito Pertusato (5), este último molestando con su pie a un perro de compañía, un mastín del Pirineo.

Tras la infanta observamos a dos personajes más de su pequeña corte: doña Marcela Ulloa (6) y el desconocido guardadamas (7).

Reflejadas en el espejo están caras de los reyes, Felipe IV (10) y su segunda esposa, Mariana de Austria (11).

La composición se cierra con la figura del aposentador José Nieto (8).

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 4

El tamaño de estos números nos indica los planos de cerca a lejos:

Primer plano: 9, 3, 1, 2, 4, 5

Segundo plano: 6 ,7

Tercer plano: 11, 10, 8.

Pero los expertos creen que Velázquez ha puesto mucho cuidado en la COMPOSICIÓN del cuadro (la manera de distribuir los elementos representados):

Las cabezas de los personajes de la izquierda y las manchas de los cuadros forman un círculo, símbolo de la perfección.

Dentro de ese círculo encontramos el espejo con los rostros de los reyes, con lo que el pintor sugiere la perfección de la monarquía.

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EL USO DE LA LUZ:

El primer plano está inundado por un potente foco de luz que penetra desde la primera ventana de la derecha.

La infanta es el centro del grupo y parece flotar, ya que no vemos sus pies, ocultos en la sombra de su vestido.

Las figuras de segundo plano quedan casi en penumbra, mientras que en la parte del fondoencontramos un nuevo foco de luz, impactando sobre el aposentador que recorta su silueta sobre la escalera.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 6

EL USO DEL COLOR:

Predominan las tonalidades plateadas de los vestidos, al tiempo que llama nuestra atención el ritmo marcado por las notas de color rojo que se distribuyen por el lienzo, de izquierda a derecha:

  • La Cruz de Santiago en el pecho de Velázquez.
  • Los colores de su paleta.
  • La vasija de agua.
  • Los pañuelos de la infanta.
  • La menina Isabel de Velasco.
  • Para acabar en la mancha roja del traje de Nicolasillo.

Estas notas de color rojo forman una serie paralela a la de las cabezas de los personajes, por debajo de ella.

VELÁZQUEZ está también en el cuadro.

Está pintando.


Casi ciento cincuenta años después el también genial pintor Goya retrata a la familia real, y se coloca en el cuadro casi en la misma posición que Velázquez, como un homenaje al maestro sevillano.

Mira aquí La familia de Carlos IV, de Goya.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 7

Pero lo que verdaderamente nos impacta es la sensación atmosférica creada por el pintor, la llamada PERSPECTIVA AÉREA:

No es una obra con perfiles y contornos, que le daría un aspecto plano.

Velázquez otorga profundidad a la escena a través del aire que rodea a cada uno de los personajes y difumina sus contornos, especialmente las figuras del fondo, que se aprecian con unos perfiles más imprecisos y colores menos intensos.


Hay muchos más detalles que observar en este cuadro, que prueban la maestría de Velázquez, considerado uno de los mejores pintores (para muchos el mejor) de la historia.

"Verdadera historia del perro Salomón" es un libro de Miguel Ángel Fernández-Pacheco y Javier Serrano. Ganó en España el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil del año 2001.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 8

De la admiración de Picasso por “Las Meninas” de Velázquez, conservamos la exclamación recogida por su marchante Kahnweiler (“Conversaciones con Picasso”, Stuttgart, 1959):

«Las Meninas, ¡vaya cuadro! ¡Qué realidad! Velázquez es el verdadero pintor de la realidad. Aparte de que sus otros cuadros sean buenos o malos, éste, en cualquier caso, está admirablemente, perfectamente logrado».

Conversaciones con Picasso”, Stuttgart, 1959.

En las conversaciones que Picasso llevó a cabo con Roland Penrose (“La vie et L´oeuvre de Picasso”, 1961, el malagueño nos ha dejado igualmente, su propia visión de “Las Meninas”:

«Velázquez está visible cuando en realidad no debería estarlo, puesto que le vuelve la espalda a la infanta del primer término que tiene por modelo. Está delante de un gran lienzo en el que parece estar trabajando, pero como se ve solo el reverso del cuadro, no podemos ver lo que pinta. En realidad, está pintando al rey y a la reina de quiénes vemos la imagen al fondo de la habitación. Sin embargo, el hecho de que los veamos, implica que ese rey y esa reina no miran a Velázquez sino a nosotros. Y las Meninas se han agrupado en torno al pintor no para posar, si no para mirar el retrato del rey y la reina, y como éstos, nosotros, espectadores, estamos detrás de ellas».

La vie et L´oeuvre de Picasso.

Velázquez, en “Las Meninas” estableció una red de complejas relaciones entre los distintos personajes representados en el lienzo y el espectador que contempla la obra, trazando, de esta forma, nexos entre el espacio pictórico y la realidad exterior. Tales aspectos interesaron y motivaron fuertemente a Picasso a la hora de plantearse llevar a cabo sus variaciones sobre la obra de Velázquez.

La empresa, a nivel pictórico, fue ardua, y más teniendo en cuenta que por aquellos días Picasso sufría del dolor de una pierna, y Jacqueline acababa de sufrir una intervención quirúrgica. Como solía ser habitual, durante el tiempo que tardó en pintar “Las Meninas”, Picasso se recluyó en su estudio sin apenas atender visitas. H. Parmelin (“Picasso sur la place”), nos deja un testimonio del propio artista, quien dice:

«Las Meninas son Furias que te siguen camino de las corridas y hasta las mesas colmadas de los almuerzos en Nimes, hasta las paellas en la Camarga, hasta la misma Marsella».

Picasso sur la place.

Las Meninas de Picasso análisis
En la década de los cincuenta, Picasso pinta una serie cuadros en los que busca deconstruir (llevar a cabo un estudio analítico de los diferentes elementos que conforman la estructura conceptual de una obra) y reinterpretar algunas de las pinturas más representativas de los clásicos: “Almuerzo en la hierba” de Manet, “Las Mujeres de Argel” de Delacroix”, “Las Meninas” de Velázquez… En ese momento, el interés de los críticos por Picasso, se centraba más en su periodo cubista que en su obra actual. La pintura de Picasso se estaba asumiendo, poco a poco, como “tradicional”. En otras palabras, para los especialistas y seguidores, el artista malagueño empezaba a verse más como un artista del pasado que del presente. En este contexto, entre el 17 de agosto y el 30 de diciembre de 1957, teniendo como referencia una fotografía en blanco y negro del célebre cuadro de Velázquez, Picasso llevó a cabo la serie de 45 pinturas inspiradas en “Las Meninas” de Velázquez, mas 9 pinturas sobre pichones, inspiradas en el palomar que el artista tenía instalado en la terraza de su segunda residencia, “Villa Californie” (Cannes), 3 paisajes y un retrato de su pareja, Jaccqueline Roque (el 16 de agosto, Picasso había realizado un dibujo preparatorio para la serie).

La técnica utilizada fue el óleo sobre tela, si bien, las medidas de los lienzos varían mucho, desde grandes formatos (194 cm. x 260 cm.), a otros más pequeños, de 18 x 14 cm. Todas las obras están datadas, indicando la fecha, e incluso la hora de su ejecución, por lo que podemos comprobar que algunos días llegó a pintar hasta seis obras.

La serie ocupa actualmente tres salas del “Museu Picasso” de Barcelona, siguiendo las especificaciones del propio pintor que la donó en 1969 (tras la muerte de su amigo y secretario personal Sabartés, en 1968), con la instrucción de que se estableciera una habitación en su honor.

La segunda planta de “La Villa Californie”, como taller. Las Meninas de Picasso
Para afrontar la serie, Picasso habilitó como taller, la segunda planta de “La Villa Californie”, en ese momento deshabitada. Un aspecto a destacar es que para la primera y más grande de las obras, Picasso elige un lienzo en formato horizontal, con lo que varía sustancialmente las dimensiones y proporciones en relación a la obra original. Picasso sabía que al modificar el tamaño y la orientación del lienzo, modificaría, inevitablemente, la “atmósfera” y la disposición de los personajes, lo que conferiría a su obra un carácter más personal. De hecho, el malagueño, no se conforma con la versión general que hace de “Las Meninas” y sigue representando, ya individualmente, ya en conjunto, y desde todos los ángulos posibles, a los personajes que aparecen en el cuadro de Velázquez. Para esta serie, Picasso vuelve al cubismo, más o menos distorsionado, trabajando tanto las figuras como los fondos, a través de planos. Así, las versiones picassianas, terminan por modificar nuestra percepción de la obra de Velázquez. Hay que tener presente que “Las Meninas” velazqueñas, además de una obra magistral en lo que tiene que ver con la representación pictórica del espacio (a través de la perspectiva, la “atmósfera”, los reflejos…), es, antes que nada, una reflexión sobre el proceso de creación, tema muy del gusto de Picasso. En “Las Meninas”, Velázquez ya había tratado de retar las convenciones de la época, incorporando a la obra “el espacio desde el que el espectador observa la escena”, a través de las imágenes reflejadas en el espejo (los reyes). Picasso también había aportado una nueva forma de afrontar la representación de la realidad a través del cubismo, por lo que el tema era de su interés.

Si bien, a la hora de afrontar una gran obra el artista solía realizar numerosos esbozos y estudios previos, en el caso de “Las Meninas”, no hay bocetos ni dibujos previos que terminen culminando en una obra maestra. En realidad, el artista se lanza al vacío desde la primera obra de la serie y, cada una de las siguientes, las aborda como una fase, completa en sí misma, del propio acto creativo, dejando constancia de que una misma imagen puede ser abordada desde diversos puntos de vista, variando la técnica, la expresión, el color, las proporciones, etc.

Podemos considerar así, que con sus “Meninas”, Picasso se enfrenta a su propia reafirmación como artista, al confrontar su obra con la de uno de los grandes gigantes de la pintura, al tiempo que se reafirma también como un artista rabiosamente actual.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 9

Pablo Picasso. Las Meninas. Cannes, 2 de octubre de 1957. Museu Picasso, Barcelona.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 10 Pablo Picasso. Las Meninas. Cannes, 3 de octubre de 1957. Museu Picasso, Barcelona.

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Pablo Picasso. Las Meninas. Cannes, 15 de septiembre del 1957. Museu Picasso, Barcelona.

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Pablo Picasso. Las Meninas. Cannes, 18 de septiembre del 1957. Museu Picasso, Barcelona.

EL PROCESO DE CREACIÓN DE LAS MENINAS:


Resulta evidente que el malagueño no buscó en ningún momento hacer una copia del cuadro velazqueño.

Picasso comenzó la serie abordando un gran lienzo de 194 x 260 cm, aportando una visión general de la obra.

Se trata de una grisalla en las que las tonalidades se han reducido a grises y negros (al igual que “El Guernica”).

Posteriormente pintó otros lienzos más pequeños en los que se centraba en el grupo de personajes que rodea a la infanta y sus meninas, en el perro, en la infanta sola, etc.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 13

Pablo Picasso. Las Meninas. Cannes, 17 de agosto de 1957. Museu Picasso, Barcelona.

Picasso tampoco se limitó a las tonalidades terrosas utilizadas por Velázquez, sino que desplegó en su serie una amplia gama cromática.

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Pablo Picasso. Las Meninas (María Agustina Sarmiento e infanta Margarita María). Cannes, 10 de octubre de 1957.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 15

Pablo Picasso. El piano. Cannes, 17 de octubre de 1957. Museu Picasso, Barcelona.

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Pablo Picasso. Las Meninas (Isabel de Velasco, María Bárbola y Nicolasito Pertusato). Cannes, 24 de octubre de 1957.

Viernes con arte: nos adentramos en el cuadro de las Meninas de Velázquez y el perro Salomón. - Imagen 17

Las Meninas (Isabel de Velasco). Cannes, 17 de noviembre de 1957. Museu Picasso, Barcelona.

Como dejó escrito, Jaume Sabartés en el texto que escribió sobre la gestación de la obra (“Les Menines et la vie” editado en 1958 por Cercle d’Art en París), la idea de pintar una recreación de “Las Meninas” de Velázquez, le rondaba por la cabeza al artista desde 1952: “Imagino que lo tenía en su recuerdo como una pesadilla; sería por esto que quería sacárselo de encima estudiándolo a fondo, personaje por personaje, elemento por elemento, y ofrecernos el resultado como una lección, para enseñarnos a ver la obra velazqueña sin esforzar la vista, toda la obra de Velázquez a través de sus Meninas”.

Según Sabartes, Picasso, le llegó a comentar: “Si uno se pusiera a copiar Las Meninas de buena fe, ¿qué tal sería poner a este un poquito más a la derecha o a la izquierda? Yo probaría hacerlo a mi manera, olvidando a Velázquez. (…) Así poquito a poco, iría pintando unas Meninas que parecerían detestables al copista de oficio; no serían las que él creería haber visto en la tela de Velázquez, pero serían mis Meninas…”

La serie de “Las Meninas” se expuso a principios de 1958 en Londres, París y Tokio.

En 1968, en plena dictadura franquista, la serie llegó a Barcelona, siendo alojadas en el Museu Picasso de Barcelona.

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